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La tarjeta del debate

POLITICA: Resumen del debate Obama vs Romney


Por Martin Munoz/Yahoo Noticias

EL ESCENARIO

Dos sillas altas colocadas en ángulo sobre una alfombra de rojo vibrante presiden el escenario. Están  rodeadas por un semicírculo de asientos, similares a los que uno encuentra en una sala de cine. Focos, un monitor, un pequeño atril como el del director de una orquesta y público, votantes indecisos seleccionados por Gallup y cargados con una batería de preguntas para los candidatos. Sobre un muro azul adornado con luces, un gran águila con una bandera estadounidense preside el escenario del debate.

LOS ACTORES
Obama luce un traje oscuro, corbata burdeos, más sombría que la del primer debate. Un pin con la bandera estadounidense en la solapa que, otra vez, es más pequeño que el que luce su rival. Sus zapatos, para los que presten atención a estas cosas, brillan como espejos.

Romney trae también un traje oscuro, su corbata en cambio es más alegre, quizá por que su ánimo llegando a este debate también lo es, azul con líneas blancas, su pelo impecablemente dispuesto, profundamente oscuro salvo un número que parece perfectamente calculado de canas.

Los asientos presentan un problema. Es más difícil mantener una pose digna y autoritaria sobre un asiento que no permite apoyar los pies en el suelo. A lo largo del debate cada candidato intentará adoptar una pose diferente sin que ninguno de los dos parezca encontrarse cómodo en ella.

El espacio para moverse, en cambio, parece una liberación. Les permite moverse, caminar y apoyar su discurso con gestos más o menos ensayados.
Cuando responde a una pregunta Romney sujeta el micrófono con la derecha de la manera que los que están acostumbrados a tener uno en la mano lo hacen. Obama en cambio lo sujeta de manera diferente, justo debajo de su barbilla.

Obama se acerca más al público. Romney mantiene más la distancia con el auditorio. Cuestión de estilos.
 EL DEBATE
Las preguntas de los indecisos son más afiladas que las que se suelen escuchar de boca de los periodistas. Economía, Bush, inmigración e igualdad. Sin embargo las respuestas de los candidatos fueron tan vagas como las que dan a los periodistas.
Si la pregunta convenía al guión, tanto Romney como Obama contestaban felices de tener la respuesta estudiada y bien aprendida.
Si la pregunta se salía de lo previsto, los candidatos respondían lo que les daba la gana. Obama introdujo la cuestión de la energía limpia en la primera pregunta que hizo un joven preocupado por encontrar trabajo tras graduarse.
A pesar de que ambos intentaron mantenerse lo más ajustados a la seguridad de sus guiones, hubo momentos en los que tuvieron que improvisar y aquí, Obama, se comportó mejor. Frente a la acusación del presidente de que el candidato republicano tiene inversiones en China, Romney intentó acorrarlarle con una pregunta retórica. ¿Cúanto hace que no mira a su plan de jubilación?. No una, sino dos veces preguntó Romney. La intención era demostrar que cualquier fondo mutual en Estados Unidos invierte en China, pero Obama le contestó con la nota cómica de la noche.
-"No lleva mucho tiempo hacerlo. Hay mucho menos que en el suya".
No era el Obama del primer debate. En esta ocasión, el presidente ofrecía su mejor versión. Sin embargo Romney es un alumno aventajado. Cuando se ajusta a la lección, su mensaje es convincente, argumentado y sólido. Es un vendedor avispado y sea cual sea el producto que lleva en la cartera, sabe lo que hace y lo hace bien.
LOS GOLPES
Obama atacó desde el principio. Con o sin conexión, incluyó en sus respuestas los puntos débiles de la campaña de Romney. Le atacó en su posición sobre el aborto, en su falta de explicaciones sobre su plan para reducir el déficit, inclusó trajo a colación a Big Bird.
Romney mantuvo la misma energía del primer debate. Pero en esta ocasión su oponente no estaba dormido ni noqueado. Lanzó golpe tras golpe, pero cada uno de ellos se encontró con un contragolpe.
El momento de mayor tensión del debate se produjo cuando hablaban de energía. La pregunta era lo de menos. Ambos se olvidaron del formato. De pie, en el centro del escenario, Obama recriminó a Romney de que una de sus afirmaciones no era cierta: "It is just not true". Los dos candidatos cara a cara, a apenas a unos pies el uno del otro, repetían como niños en el colegio "no es cierto", "sí lo es" ante una moderadora que asistía petrificada al intercambio sin saber como reaccionar. Una especie de juego de la gallina dialéctica en el que al final Obama impuso su autoridad para quedarse con la palabra.
Obama se mostró enérgico. Quizá su mejor momento fue cuando tratando el tema de Libia, se dirigió a Romney que estaba sentado sobre la silla y le regañó con voz firme y una mirada aún más severa. No era un candidato debatiendo con otro. Era el presidente de los Estados Unidos y Comandante en Jefe abroncando a un político.
EL MOMENTO CRITICO DE ROMNEY
Fue definitivamente mientras debatían el tema de Libia. Cometió el error de decir que Obama había dicho en un discurso el día que se conoció la muerte del embajador en Libia algo que no dijo. Obama no le dejó escapar. La moderadora tampoco. Romney balbuceó, intentó recuperar el hilo pero es un momento que seguramente veremos repetido hasta la saciedad en los próximos días.
INMIGRACIÓN
Gracias a una votante indecisa, y después de casi cuatro horas de debates, Romney y Obama tuvieron que tocar un tema que ninguno de los dos había mostrado interés en tratar. La mejor noticia del debate es que Romney afirmó que apoya el Dream Act. Obama le recordó que esa posición no era la que mantenía en las primarias, pero ahí quedó el debate. El resto del tiempo lo dedicaron a atacarse. Al menos, aunque brevemente, hablaron del tema.
¿QUIÉN GANÓ?
Lo único que está claro tras este segundo debate es que Obama no perdió. Estuvo incisivo, contundente, firme y directo. Los demócratas pueden respirar aliviados. Su candidato acudió al debate, golpeó en los puntos que debía golpear, defendió su actuación y mostró una cara muy diferente a la ofrecida en su anterior encuentro.
Romney no es el mismo de las primarias. Es un alumno que ha aprendido rápido. Sorprendió en su primer debate pero ha confirmado su actuación en este segundo. Tiene aprendido su mensaje, sabe simplificarlo, dirigirlo, masticarlo y entregarlo directamente sin complicarse en la retórica. Aparece confiado, seguro y convincente.
Para los demócratas, Obama ganó. Para los republicanos, lo hizo Romney. Los que tienen decidido su voto pueden estar satisfechos con la actuación de su candidato. Los que no lo han decidido aún, y este debate se dirigía a ellos, probablemente sigan tan indecisos como antes.

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